Fabricato: ¿textiles o ladrillos?

Aurelio Suárez analiza las recientes decisiones de Fabricato.

Hace unas semanas, la opinión oyó que Fabricato, una de las más emblemáticas empresas de textiles y confecciones del país, aunque venida a menos desde la última década del siglo xx, cerraría su operación fabril entre el 26 de agosto y el 10 de septiembre. La gerencia lo explicó así:
 
“Es el resultado de las condiciones negativas de la economía del país, del debilitamiento de los aranceles de importación, de la masiva importación de prendas y telas, así mismo del contrabando de productos textiles, circunstancias que han afectado de manera sistemática nuestras ventas”. 
 
En efecto, cuando se revisa la evolución del sector textil en los últimos veinte años, la curva descendente es ostensible. En 1997, el 52% se destinaba como insumo intermedio para la producción de otros bienes industrializados, como confecciones; el 40% para los consumos directos de hogares y se exportaba algo más del 6%. Era el 7,2% de la producción industrial total y el 6,4% del valor agregado, el cuarto mayor. Ello pese a que ya afrontaba la competencia de las importaciones y el comercio desleal y la situación negativa del algodón nacional, en vía de extinción. 
 
A contramano, en 2015, el sector textil era menos del 2,3% de la producción industrial y del 1,4% del valor agregado total, relegado en ambas variables a lugares por debajo de los primeros 18 subsectores. Su incidencia se redujo notoriamente en el conjunto de la industria. 
 
¿Cómo han afrontado esta situación los propietarios de Fabricato? Algunas cifras compiladas por el estudiante de Economía de la Universidad de Antioquia, Andrés Trigos, dan algunas ideas. A precios constantes del 2016, las ventas han disminuido, entre 2011 y 2016, de $781.763 millones a solo $385.758 millones, 50,66% menos. Y la mayor rebaja se da por la caída de las exportaciones en un 65%, incluso desde 2014, con la devaluación del 80%, cuando se han mantenido estáticas en niveles de $73 mil millones. Por eso no se explica muy bien que en medio de una menor producción y un mayor endeudamiento respecto al patrimonio –pasó del 36% al 64%–, crezcan en paralelo las inversiones ajenas a los textiles, el objeto social principal, a más de $110 mil millones, referidas a proyectos inmobiliarios en Ibagué y Bello. 
 
Para completar el cuadro, al menos siete empresas ligadas al negocio textil, entre producción y comercialización, han sido liquidadas desde agosto de 2016 y otras seis más están en curso. En conjunto, estas decisiones seguramente tienen que ver con que el activo más valioso del conglomerado son los terrenos amplísimos de centenares de miles de metros cuadrados que están maduros para plusvalías exponenciales. En efecto, del total de los activos, dichos terrenos son casi el 30%, una tercera parte, y con relación al patrimonio llegan hasta el 50%.
 
Cuando se mira la estructura de la propiedad actual de Fabricato, se constata que fiduciarias y fondos de inversión, incluido el constituido por los damnificados de Interbolsa en cabeza de los liquidadores de Supersociedades del fondo Premium, controlan casi 40% del total. Se entiende entonces por qué su interés utilitarista sea exprimir al máximo ese capital separando su suerte de la centenaria misión textilera.  
 
Tal pronóstico puede corroborarse al saberse que el exministro de Hacienda del primer gobierno de Uribe, Alberto Carrasquilla, reportado en Panamá Papers con su matriz empresarial radicada allí, lidera el grupo de linces financieros al mando. 
 
Por lo visto, Fabricato como firma textil se reduciría a una operación tecnificada y en productos específicos en Riotex. El resto serán ladrillos y especulación inmobiliaria. Aunque logró salvarse de las garras de aventureros como Félix Correa hace más de tres décadas o de Corredori, ese apostador de caballos vuelto caballero de industria, parece haber llegado a su hora de nona. 
 
La sociedad regional puede intervenir para preservar este icono industrial y los dos mil o más empleos que todavía quedan luego de haber tenido casi 20 mil. De lo contrario, Fabricato seguirá convirtiéndose en ladrillos y en recuperación de inversiones a nivel de máximo lucro posible. Antioquia tiene la palabra.

El cambalache de Cafesalud

Desde que en mayo se debatió en Blu Radio la venta de Cafesalud al grupo Prestasalud, se sembraron muchas dudas sobre la factibilidad económica y la eficacia de esa transacción. Se iban a ver severamente afectadas tanto la estructura financiera de la liquidación como la prestación del servicio a los 5,6 millones de usuarios que en ese momento estaban afiliados a dicha EPS.

Las razones para cuestionar “el negocio” son abundantes: por un lado, de los $1,4 billones ofrecidos y aceptados por el proponente Prestasalud y los agentes liquidadores y la Supersalud, más de $400 mil millones constituyen un canje entre las deudas de Cafesalud y algunas de las IPS que conformaron el consorcio comprador, entre ellas, el Grupo San José, Fundación Saint, Fundación Esensa, Servicio Aéreo Medicalizado y Fundamental MedicalFly, Medplus Medicina Prepagada (de exsocios de Carlos Palacino), Medilaser y Centro Nacional de Oncología, varias vinculadas por presuntos actos de corrupción en el sector.

El resto podrá ser pagado en cuotas por cinco años. Es decir, nada entrará como efectivo inmediato para atender las acreencias pendientes y el saldo será alimentado en parte por el pago a futuro de cada uno de los 5,6 millones de afiliados que quedaron bajo su tutela, pago hecho por el mismo gobierno –en el régimen subsidiado– y por los usuarios del contributivo.

Cuenta además la revista Semana que fue necesario para este cambalache que Prestasalud creara otra sociedad compradora y, a la vez, Cafesalud se escindiera en dos, a saber: Newscos y la IPS Esimed. Al final, si se divide el monto total de la compra, de $1,4 billones, por el número de asignados, 5,6 millones, el negocio se hizo del modo más mercantil: un equivalente de entre 85 y 90 dólares por cada cabeza, como clientes de un supermercado.

Los reparos de la Procuraduría y demás entidades de control sobre la verdadera palanca financiera para ese “nuevo modelo de negocio” en salud tuvieron como respuesta que el grupo español Ribera, del cual es propietario en un 50 % la compañía norteamericana Centene Groupse comprometiera a capitalizar la operación: que adquiriría el 80 % de una de las dos nuevas sociedades y el 20 % en la otra.

Al indagar sobre Ribera, “líder en concesiones administrativas sanitarias en España”, como se llama a sí misma, se descubre que su sistema de gestión ha recibido cuestionamientos, pues como gestor privado –APP en salud– se lucra de la infraestructura y de los recursos públicos. Ha reconocido además que recibe comisiones por comprarles medicamentos a los mismos laboratorios que los suministran a sus hospitales concesionados. Ya está también en Perú y Chile y es la cabeza de playa de Centene en América Latina.

https://www.elespanol.com/espana/politica/20161115/170983550_0.html

No es extraño entonces que, como fruto de tanto cambalache, en los primeros dos meses de atención al público se haya suscitado una oleada de diez mil quejas y, aún más grave, se denunciara el insólito abandono de niños pacientes con cáncer en Bucaramanga y en Cali, desafuero que no pudiera explicar el gerente al aire en Blu Radio. Tantas anomalías juntas impelieron a la Procuraduría a solicitar a la Supersalud la intervención de Medimás, el nombre que Prestasalud le puso a su EPS.

Finalmente, en un blog de Alberto Donadío en El Espectador se ha denunciado que en Medimás “decidieron anular los casi 2 millones de autorizaciones de servicios de salud que Cafesalud tiene pendientes, obligando a millones de colombianos a tener que ir (…) para solicitar (…) de nuevo el servicio que no les fue prestado”.

Si la Procuraduría cumple con velar por la vida y la salud de los colombianos, no se entiende por qué no disciplina a quienes, en vez de resolver en Cafesalud los desmanes de Saludcoop, terminaron empeorándolos. Y que después buscaron cómo deshacerse de ella en lugar de mejorar la muy ruin atención que se brinda a los colombianos, millones de los cuales consideran la falta de salud como su mayor problema.

La tiniebla de la desigualdad

El papa Francisco – en su oración en la misa en el parque Simón Bolívar en Bogotá el jueves 7 de septiembre- advirtió sobre “densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida”, “aquí como en otras partes”.
Entre ellas enunció cinco: 1) las de “la injusticia y de la inequidad social”; 2) “las corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”; 3) las del “irrespeto por la vida humana”; 4) las de “la sed de venganza y del odio” y 5) las de “quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas«.
Para todas se podría documentar su existencia perversa en Colombia. Los billones perdidos, y  en forma de “enormes elefantes”,  que tanto disparate y bárbara corruptela han ido a bolsillos y cuentas de descarados funcionarios o agentes privados amorales o también las más de ocho millones de víctimas del conflicto armado muchas de ellas sometidas a crímenes de lesa humanidad por los distintos intervinientes armados o las expresiones y hechos de represalias demenciales, incluidos los ámbitos de la vida cotidiana y familiar en campos y ciudades.
En ellas acierta el papa Francisco pero vale enfatizar en la de la inequidad, la menos noticiosa, pero que como el mismo anotó: “es la raíz de los males sociales”. Algunos datos, consignados en el libro, “Piketty y los economistas colombianos”, le dan sobradas razones: Colombia tiene el Coeficiente de GINI (que mide la desigualdad de 0 a 1 y mientras más cerca a este número es más desigual) es 0,52, el octavo más alto del mundo, el segundo de América y Bogotá es la tercera capital inequitativa después de Riohacha y Quibdó. Esto expresa un hecho insólito: El 50% más pobre de la población recibe solo el 13% del ingreso, en tanto el 1%, del nivel más alto, capta el 20%.
Y ello es sólo la manifestación de la inicua distribución de activos: Cuatro grupos financieros controlan el 75% de los bancarios; el 0,4 % de los predios rurales, los de más de 500 ha., poseen 75,5 % del área de las unidades productivas; veinte títulos bursátiles capturan más del  70% de la capitalización de mercado y hasta en las utilidades dentro del universo empresarial la distribución es muy desigual: mucho más que la registrada entre las personas.
Quiera la vida que en Colombia se manifieste la voluntad política, con amplio sentido democrático, de mejorar la repartición del ingreso. El componente destinado a la inmensa base social del país, vía salarios o entradas mixtas como “rebusques” y demás, es el 41% del total, igual a Kenia, mientras en Japón es 66% y en Suecia el 73%, según trabajos del grupo de Piketty.
Es sabido que el 85% de los asalariados gana menos de dos salarios mínimos y que el 60% de las mujeres trabajadoras está en la ocupación informal y su jornada, que abarca las labores domésticas, es casi el doble entre tanto su brecha de remuneración con los hombres el del 22%.
Debería hacerse un gran pacto nacional, un acuerdo de todos con todos, para aliviar esta crítica situación ya que no es posible ni el progreso ni el adelanto para nadie con las bases sociales con los bolsillos vacíos, sin mínima capacidad de demanda, con más de un 70% que dice que no tener cómo sobrevivir o que apenas sobrevive. Veremos si aquí la prédica, como en la parábola del sembrador, cayó en la tierra fértil.

Los cinco años de Mañanas BLU

La opinión de Aurelio Suárez sobre los cinco años de BLU Radio.

El 6 de septiembre se cumplen cinco años de la primera emisión de #MañanasBLU en la naciente cadena radial Blu Radio. El programa se montó con base en la premisa de que todo el mundo tiene acceso y hasta por distintos canales a la información. No obstante, el quid del asunto estaba en el interés, y en algunos casos en la necesidad, que la población tiene de analizar y evaluar las noticias. 
 
Bajo la dirección del periodista Néstor Morales y con Felipe Zuleta, un grupo de jóvenes colegas suyos, reporteros y productores acordó brindar a los oyentes las distintas “voces” y los diversos “sonidos” en los que se plasman los hechos más relevantes.
 
El ensayo se complementó con un conjunto de personas, de diferentes  concepciones, que en este periodo hemos contribuido, ya no con el tradicional juego de voces radiales, sino con uno de opiniones que barre el espectro general de disímiles vertientes del pensamiento en el concierto nacional. Se creó una suerte de nuevo y raro oficio: el de panelista.   
 
El reto estaba en abrirse paso en el medio con ese formato alternativo frente a cadenas de radio con décadas de existencia y con un tamaño varias veces superior en personal, recursos y emisoras regadas por el territorio colombiano. 
 
El esfuerzo cotidiano ha consistido en estructurar criterios, lo que exige abordar con profundidad y síntesis cada tema y documentarlo. Los panelistas nos centramos en los comentarios a fin de colaborar en la formación de la opinión oyente desde cada punto de vista sin censuras. El papel es, pese a  eventuales acuerdos, presentar con coherencia el pensamiento propio. #MañanasBLU ha enriquecido además sus emisiones interactuando con las redes sociales donde las personas manifiestan lo que tienen a bien acerca de los asuntos tratados o de lo expuesto por los panelistas. A unos les parece que, según sus afinidades, hay opiniones que no tienen suficiente espacio y a otros que les dan demasiado. 
 
Esto ha sido parte también de las polarizaciones que vive el país y de la dureza de los sucesos en este quinquenio: crisis económica; procesos de terminación de conflictos armados; movilizaciones sociales; elecciones presidenciales, de Congreso y locales con las respectivas evaluaciones de los gobernantes elegidos; y, en medio, la indignante corrupción y la dificultosa ruta que atraviesan los derechos de las minorías. Son fenómenos que, entre otros, han coincidido en estos años de #MañanasBLU.  
 
 
Algunos nos hemos equivocado y hemos rectificado, apenas humano. Por lo pronto, aun con todas las críticas, incluidas las justas, que hay muchas, considero que el aporte básico ha sido mostrar cómo sí hay lugar para tratar las contradicciones de manera civilizada sin traspasarlas a la animadversión personal conservando la amistad social, a pesar de debates agudos o tonos elevados en ocasiones o de superposiciones en los diálogos, este es el mayor valor agregado.  
 
Si algo se ha hecho en esa dirección, se justifica el tiempo dedicado y el empeño puesto. Y no se hacen surcos en el desierto: el creciente aumento de oyentes que se registra en las respectivas mediciones es testimonio de que a los colombianos les gusta debatir las problemáticas, y con vehemencia, si se quiere, pero que también desean formarse y avanzar en la idea de no matarse ni agredirse por ello, hacerlo de manera civilizada, algo muy significativo en la imperfecta democracia que por múltiples y discutibles razones hoy nos rige.